El Níger

El Níger se desliza

ancho

en silencio a los pies de la noche.

A lo lejos los mulos

comparten su grito frustrado

y tú, entre los gruesos muros

encalados, sudas al compás

del insomnio.

Las horas se cuelgan

en las aspas de ese ventilador inútil

y añoras una ventana que te ofrezca cualquier cosa

que te aleje de ti,

de tus costillas empapadas,

de la espiral que has subido cien veces

para bajar hasta el mismo sitio.

Quizá algo para tus manos

para tu sexo, para tu boca.

Quizá un relato hosco

que te haga olvidar

que pronto el sol

brutal

heredará la noche.

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