Creo que esta semana

Creo que esta semana me ha cogido la crisis de los cuarenta (benditas etiquetas). Lo cierto es que voy camino de los cuarenta y tres, pero el mes pasado se juntó la muerte de mi viejo, la preadolescencia de mi hijo y una primavera efervescente de la que soy forastero. Los años pasan rápidos, los días lentos.

El espejo me devuelve el contorno de una vista cansada que no necesita lentes para observar el tobogán que me ha traído aquí y la pendiente que me falta por recorrer, es como sentarse en el ápice de una colina rasa y asumir el alcance de tu paso.
El deseo no es constante, me alcanza por oleadas febriles y bizarras, supongo que todo tendrá una explicación biológica, pero a la sangre le resbala esa lógica y sus causas últimas.

Probablemente es demasiado tarde para reconstruir ese costado turbio que no deja de ser tan mío como todo lo demás, sin embargo ese límite es tan simple, tan cotidiano y común como nuestras ganas de romperlo. Para las canas todo es indiferente, van vistiendo a mis coetáneos sin pausa. Así puedo verme en ellos y sentir que hay algo brillante y crudo como la muerte esperando a que brindemos. Con la comprensión del anciano y la osadía infinita del niño, brindemos, también por la música que nos trae y nos lleva. Bailar nunca es un pasatiempo sino un precioso regalo para olvidar que el tiempo pasa.

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