No me dejes solo tanto tiempo

No me dejes solo tanto tiempo.

La fisiología me asalta y tengo los oídos expuestos

para cualquier atajo que escarbe en la anarquía del sueño.

Parece inútil refrescar los escenarios de antaño,

pero también borrar su huella

intentando esbozar un hombre exiliado de su cojera.

 

El viaje siempre espera como un horizonte libre

como la ilusión de un mar infinito que me abrazara con su ingravidez

para no pensar, para no recordar, para no regresar a los sinsabores del camino y sus relojes.

 

Retorna la noche, tu respiración acompaña mis sentidos abiertos.

Una mano, una frase cierta, un destello próximo,

un simple impulso para no hundirse en la propia estatua y su silencio incesante.

 

Vuelve la luz, con la sombra del desencuentro.

La niebla erguida que nunca se detiene en su anhelo.

El sino de la huella esquiva.

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