Erguido

Erguido

frente a la orilla de un mar

pleno de silencio

he recogido una piedra

la mano la ha sopesado

sintiendo sus aristas

la frialdad de su núcleo.

Mis ojos se han fijado en un punto

detrás de la frontera de la rompiente

moviéndose a penas

con la mansedumbre del aceite.

Flexionando mis piernas

he vuelto a posar la piedra

con mucha delicadeza

en el mismo lugar que la cogí

Así fuimos un día

potencia, ilusión

posibilidad, miedo

víctimas de la única opción

que te da la gravedad en su ejercicio

antes de renunciar a intentarlo.

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