De la teoría a la praxis

El cielo, amigo, te devolvió tu saliva con el frío péndulo de la gravedad. Eras un universitario prometedor, amiguero, galante, hasta tenías algunos versos rescatables. Pero pasó el tiempo y las cosas volvieron a su lugar.

            Hablabas del amor en mayúsculas y abandonaste a tu esposa sin pensarlo cuando dio a luz a tus gemelos y se convirtió en una señora sin cintura ni tacones. Me contaste mil veces aquella milonga de la justicia social y ahora ajustas al débil para mantener tus márgenes con la precisión de la matemática. La familia es lo primero, es la base, qué bien suena. Tu hermano estaría encantado de escuchar esa letanía en el momento de recibir la notificación de tu abogado para finiquitar la herencia paterna.

            Y la sencillez, y la humildad en las formas…Ya, pero es indispensable marcar un estatus para progresar socialmente. Tu sensibilidad hacia la naturaleza quedó demostrada al detectar todas esas exóticas especies marinas: se pagan bien por su escasez y fue fácil aplicar el mismo esquema con las maderas tropicales. Siempre quedará gente de buen gusto.

            No crees en nada ni en nadie, la política y la religión son edulcorantes para imponer una jerarquía en la colectividad. Te usarían si pudieran. Aspiras con fuerza el mórbido polvo de la soledad, tu burbuja íntima está blindada en tu castillo y el éxito de lo que tocas es indiscutible. Te encuentras cómodo en el fluido de la velocidad e incluso has encontrado un espacio para la amistad desinteresada. Financias el alcohol en algunas tabernas para que te adulen (y para no beber solo) y te marchas abriendo la cartera con un estilo seguro y relajado.

            Haces lo que tienes que hacer. Que se dejen de fatuos sentimentalismos, cualquiera haría lo mismo en tu posición. Las críticas hacia lo ajeno son tan gratuitas como gratificantes, qué fácil es hablar cuando no se tiene nada que perder. Te has disfrazado de indigente y te han lanzado basura como un animal. La naturaleza es cruel, la sociedad también. Marx ha muerto, el capital vive y el hombre sobrevive a sí mismo como si el futuro no fuera a llegar nunca. No te juzgo, amigo mío, yo también me he fallado. Quizá la sangre, el tiempo y las promesas huecas te hayan hecho olvidar cualquier ideal construido por un cuerpo sano y una mente satisfecha, quizá tu teléfono esté en la papelera de reciclaje de tanta gente que podría darte pistas acerca de ti.Pero te cansaste de ofrecer tu alma sin ser comprendido, hasta te cansaste de escuchar, de andar buscando, de ver que todo gira alrededor de lo mismo y que inexplicablemente tendemos a hacernos daño. La espuma de la ilusión se diluye y las cosas vuelven a su sitio, ese lugar donde sólo tú y tu verdad respiran a la intemperie del silencio.

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