ONDEROUD

Es lo que tiene viajar en enero, con la tarde tan corta se te hace de noche en una nacional y te cagas en la puta.  La gente conoce la carretera, van a toda hostia y tú con los focos de frente tienes que ir midiendo hasta donde doblan estas curvas de bajada. Mi nombre es Antonio Martínez, si ya sé, como el de la bollería. El cupo del choteo se agotó en cuanto di el estirón, se me esfumaron las lorzas. Me dedico a viajar vendiendo artículos de cristal para las floristerías y modestas tiendas de decoración, sobre todo en el rural, y la verdad es que no sé porqué les estoy contando mi vida.  Quizá como a todo el mundo en un momento dado, me asusta el olvido que provoca el no tener a nadie a quién contarle las cosas que uno hace, que uno piensa, que uno vive.

Viajar en enero es lo que tiene, que hay que andar con ojo, por el hielo, la nieve, los chaparrones, pero también hay que dejar el otro ojo para poder recibir lo que el invierno te ofrece.  El mar se enfurece y por aquí por el norte coge unos colores entre verde oscuro y gris que siempre se escapan vivos de las fotos. Las montañas también, cuando se dejan ver, se ponen muy pintonas con su gorrito blanco y me acuerdo con un poco de pena que nunca he aprendido a esquiar, supongo que en mi casa cuando yo era niño había otras prioridades.  A mi padre siempre le picó en el pecho el gusanillo del juego  y no creo que se le pueda acusar de no haber intentado domarlo, pero eso, como otras cojeras que agarramos en la vida, no se quita nunca.

Hoy me toca ver a Maruja, su tienda es una mezcla de droguería, perfumería y artículos para regalo de lo más variopinta y hortera.  Ya la estoy escuchando con la matraca de su hijo y sus múltiples operaciones, qué pereza anticipada.  A ver si le hago un regate rápido y despacho la cosa en media horita. Y ahora dónde aparco, joder, son cuatro en este puto pueblo y tienen tres coches cada uno, y con la que está cayendo encima.  Ponme una birra, la que tengas, lo que me faltaba, tuvo que salir, sí, y no sé cuándo volverá.  Al parecer se murió un vecino repentinamente y claro, ahí estará dándole jabón a la familia hasta sabe dios que hora. Ponme otra.  Tocará volver mañana y darle caña al coche.  Con esa mierda de ruedas que llevas no estás ni pa darle caña en las rectas chumeiquer.  Si sólo fueran las ruedas…

¿Vais a poner el fútbol? Ya me raya la cabeza ponerme a pensar en el coche y la necesidad de cambiarlo.  Sólo tener que planteárselo a mi ex con los rollos de la pensión del crío me pongo malo, pero es lo que hay.  De algún lado tendré que arañarlo para la cuota.  Aquí todo dios tiene que arrimar el hombro que a mí no me apoya nadie.  Esta tía es capaz de estar mañana otra vez fuera de la tienda en la misa, el entierro o lo que vayan a hacer con el fiambre.  Ponme otra.  Está jodida la señal, sí. Ya veo.  Ya veo por decir algo.  El camarero no intenta sonreír, le da la vuelta a su chaleco orondo y se va a pasear entre las mesas.  La barra está revestida con un botellero de madera con pinta de llevar ahí desde que se levantaron las paredes.  Algunos destilados han ganado categoría durante lustros mirando lo que pasa al otro lado de la barra, viendo a tíos como yo soltando gilipolleces mientras se baldean para irse a la cama y caer como ceporros, sin espacio para pensar demasiado.

El culo me vibró por la parte superior derecha, quién será a esta hora, no tengo yo los cojones para ir de feria, ya veré después, a no ser que… agarro el teléfono para una visual rápida.  Los iconos del borde superior no ofrecen nada estimulante, un mail nuevo, serán los de infojobs mandando la basura habitual.  Ponme la última.  La verdad es que son generosos por esta tierra.  Me estoy inflando a pinchos por la jeta.  Sí ya, eso es lo que te gusta contar pero lo que estás es inflándote a pan con cerveza para no gastar en un plato de comida que te sentaría mejor, sobre todo para la resaca de mañana.  La puerta se resiste a abrir, joder, menuda nortada, lo que me faltaba, llegar empapado a la pensión.  Yo que me había propuesto esta mañana no comprobar el rendimiento de aquella reliquia de ducha, los radiadores ya los di por perdidos nada más verlos.  No hay muchas emisoras, pero al menos tengo una que da el futbol.  Es agradable esa sensación de ir acompañado por ese soniquete de la radio en el coche.  Recuerdo que mi padre también lo hacía, siempre con la radio puesta, a buen volumen.  Supongo que para no escucharnos a nosotros montando bronca atrás.  Hacía tiempo que no recordaba a papá y mucho más tiempo que no hablaba de él.  El teléfono volvió a rumiar, que no jodan.  Papa era muy serio, pero se reía mucho con Cantinflas, se repetía las películas muchas veces y a pesar de saber lo que iba a pasar se volvía a reír a carcajadas.  Mañana llamaré a mi hermano, a ver si me coge.  A lo mejor a veces él también se acuerda.

La primavera siempre llega como una promesa de renovación, no para mi vida (personalmente no hincho demasiado el globo del cambio porque siempre me explota en la cara), si no de catálogo.  Y eso después del erial de ventas que conlleva la postnavidad, siempre es una excusa para seguir hablando con los clientes una vez cerrado el capítulo meteorológico.  Lo bueno de esta época, aparte de no ir patinando por las esquinas con el coche, es que las vistas son más entretenidas.  Hay un montón de florecillas de colores que aparecen de la nada y otras que cuelgan de los árboles.  Supongo que son frutales, pero nunca los he diferenciado hasta que aparece su cosecha entre las hojas.   Para entonces ya me olvidé del color de sus flores.

La verdad es que esto de la tablet pa vender a mí me ha venido cojonudo.  Una por no tener que cargar con aquellos libracos de exposición que herniaban a uno y por otro lado me emboba a las clientes -si tienes tiempo, si no estás jodido- a las que suele acoplarse la desocupada de turno que sabe de todo y de todo opina y que fíjate qué bonito, y que esto qué bien luce, y si lo pones con algo de flor artificial haces maravillas, como la que le dejé a mis difuntos el año pasado, ¿te acuerdas?, aquello era una maravilla, le pusimos los verdes estos nuevos por detrás y aquellas calas que también le puso Carmen.  ¿Qué Carmen? ¿La del Posío? No mujer la del Burgo. ¿Del burgo? No caigo ahora. ¿Cómo no? Sí, la hija estuvo en Alemania cuando también estaba tu hermana.  Yo cara de palo, cambio de peso a la izquierda y ¡hala!, a pasear por Düsseldorf en los setenta.  Y cómo era aquello ¿verdad? Todo sea por facturar algo después de meterme sesenta kilómetros por comarcal.

No me quejo, otros están peor, supongo. Pero yo vivo lo mío y bastante tengo.  Otra vez el cimbreo en el glúteo. ¿Quién será ahora?. Perdón un momento (así me cojo un respiro porque estábamos a puntito de llegar a las bondades de los grelos frente al chucrut).  Joder mira quién es.  La gordita del barrio echando el anzuelo. Debe estar aburrida y venga a darle a los emoticonos.  Se cree que todo dios vive en el sofá a verlas venir.  Después ya le daré lo suyo.  Esta empieza a lo tonto, ¿cómo vas?, Jeje, yo aquí tirada, jaja.  Y al final te calientas y le acabas soltando una retahíla de cerdadas que terminan en un audio guarro corrida mutua y pa camita.  Qué triste, pero es lo que hay. Si no ya sabes, al club de carretera a gastar pasta que no tienes.  Con cuatro viejas comebolsas y ahí sí que te vas pa camita a comer techo odiándote lo que queda de semana.

Tonio Tonio, ven paquí anda.  Deja a las mujeres que esas sólo te enredan.  Afilo la sonrisa para corresponder a la picada.  Eran los de la empresa, ya sabes, cosas del stock    que tenemos que ir eliminando, lo de siempre.  Mira Tonio, que aquí Puri que me preguntaba si había esta en otro color.  Otro color mmmm.  La Puri se podía ir a rastrillar el coño a su casa.  Otro color…ni puta idea. ¿Como cuál? Este engaña mucho aquí ¿eh? Es un tono champán muy bonito.  Se lleva mucho y está teniendo mucha salida (creo que no vendí ni el primero, pero bueno, todo se andará, esto es coger la racha y creo que es un buen día para empezarla).  Sí, perfecto, de estos media docena ¿no? Vale, ya aviso a la central y el transporte te lo sirve en menos de una semanita.  Encantado Puri, sí seguro, nos vemos pronto. Gracias.

Aprovechando la bajada meto quinta y subo la música para silenciar la caja de grillos que conduzco hace diez años.  Parece ser que esa es la tendencia natural de los coches, irse aflojando en cada una de sus tuercas, presillas y remaches hasta convertirse en un enfermo crónico.  Sí, ya sé, cambiarlo, piénsalo. Busca una buena oportunidad, ahora no lo pienses, has vendido bien y esta canción es buena.  Un poco vieja, sí, pero está bien.  El valle se ve como de estreno, todo pintado de verde, muy de foto, las casas parecen colocadas a propósito, así todas bonicas, como si se hubieran puesto de acuerdo para lucir. Armonía, sí, serviría para resumir el panorama así completo. No seas panoli, tú no usas nunca esas palabras. Pues deberías… o no. Sonrío. Con qué poco te conformas a veces Antonio. Y estas chorradas además son gratis. Sí, la vida a veces sin saber porqué afloja un  poco el pescuezo, pero no trates de contar estas cosas en el bar, es más fácil darle caña al gobierno, a los bancos, al puto Trump.  Además nunca sabes qué pensarían de ti.

Sin darte cuenta el verano se instala en tu vida y a joderse. Sí, ya sé ya sé, con un aire acondicionado del siglo XXI en el coche se verían las cosas de otra manera, aunque también los resfriados de caballo se los deben estar comiendo otros (no se consuela quien no quiere).  Pues eso, a sudar de noche y de día, a lo Rafa Nadal, pero sin menearse.  Y la clientela con un careto de siesta que no hay manera de rascar nada. Menos mal que siempre vuelven al pueblo algunos emigrantes con ganas de gastar dinero y que se note. Que se note que les va muy bien o eso pareciera y que son muy felices y horteras con sus cochazos (en algún caso se ha sabido que eran de alquiler y esas cosas en el pueblo no se olvidan.  Que se jodan por sobraos).

La cosa es que con tanto guiri de aquí y de allá hay un tráfico de cojones y te da tiempo a aburrirte, a que te entre el sueño, a quemar el embrague y de vez en cuando a ver el paisaje.  Es un paisaje raro, como que está todo borroso, como metido en un horno, fermentando y en general tirando al amarillo.  Hasta el verde que siempre es verde está gastado, sin brillo.  Creo que estoy delirando. Hoy vamos para los treintaycinco, hay que hidratarse sin duda, lo recomiendan los médicos, pero con cerveza, nada de agua, con esta temperatura se crean bacterias en el momento que las sacas de la nevera.  Así que ahí voy, me hago la ilusión que soy un pensionista a la sombrita y a ver pasar el desfile veraniego que es muy de entretener a uno.  La gente tira pa la playa un poco ansiosa, será que el calor mete siempre algo de prisa por llegar y desparramar la mitad del catálogo del decathlon por la arena.  Es acojonante lo de los hinchables de los chinos.  Del patito amarillo hemos pasado al flamingo, de ahí al unicornio y hemos acabao en la porción de pizza o de sandía.  Y todo bien inflao dentro del coche para entrar directo al agua, sin miedo alguno a las olas.  Lo que es de miedo cuando hay viento, porque si empieza a soplar en serio, apareces por Mallorca en modo patera en un santiamén.

La verdad es que da gustito ver a los niños con esa cara de ilusión por patrullar la orilla, la charca con sus cangrejos despistados, el chiringuito de los helaos, hasta yo me hago la pajilla de que estoy de vacaciones porque en este país en verano se curra poco poco.  Al final somos los cuatro de siempre los que damos el callo.  Ponme otro botijo, ese gustito se me cambió por una sensación jodida cuando me acuerdo de mi chaval y no estar con él en este momento.  Lo voy a llamar a ver en qué anda.  Si ¿Sí?  Soy yo.  Ya bien.  Vale, ya hablaremos de eso.  Venga no me jodas ahora, ya lo hablaremos, a fin de mes te digo.  Venga que sí, que estoy trabajando.  ¿Y cómo no lo llevas a la playa? ¿La digestión? ¿Estás de coña?  Bueno, mejor, sí, déjalo, pásame al enano anda.  ¿Qué tal bonito? ¿Cómo estás? Ah, que acabas de empezar la partida.  Sí sí, ya.  Bueno ya, ¿Me oyes? ¿Eh?  Sí, te he comprado una sorpresita.  Sí.  Así que nos vemos pronto, sí.  ¿Me oyes?  Ya, un beso… Y esta hija de puta no lo desconecta de la máquina para hablar conmigo.  Me cago en sus muertos y en los que le quedan vivos.  Es que tiene cojones.  Bueno, tú tampoco hables, que te curas las resacas con el chaval enchufao y tampoco te haces cruces en el pecho. Pues ahora que se lo dije, tengo que comprarle algo.  Aunque lo único que le hace ilusión es un puto juego de esos y valen una pasta.  A ver si encuentro una camiseta en oferta y así por lo menos cumplo.  Otra familia con el flotador asomado por la ventanilla.   Joder, lo abrazaría ahora y lo llevaría de mi mano a la playa  pa correr y chapotear un rato, por lo menos tendríamos una foto reciente juntos divirtiéndonos.  La digestión, esta tía los tiene cuadraos .  Seguro que está de cháchara y porritos con la vecina.  Pon otro de esos. Sí. Bien frio. Creo que por hoy se acabaron las visitas.  No hay cuerpo. Y sobre todo cara para atacarle a Elvira y su combo.  La voy a llamar para disculparme, antes de que se me trabe la lengua.  Es que tiene una cara tiesa la tipa que ya viene de familia, que la vieja que… que déjate de milongas, que el que no tiene putas ganas eres tú.

Cojo el coche hacia el cabo, algunos bañistas ya se recogen, mejor, así aparco seguro.  La tarde se estira, se pone como de oro.  Hay un chiringuito cojonudo en la esquina de la playa.  Las vistas son buenas, pero las chavalas en bikini no veas. Bueno, no veas es un decir.  Seguramente el verano es una época de apareamiento para los homo sapiens, aunque creo que a mí en esta época se me va lo de sapiens y me quedo totalmente homo.  Cuidao, homo no de homosexual, mariconadas pocas además algún conocido gay tengo, sino homo de animal, de modo embrutecido, no sé si me explico aunque esto no se explica, se siente, hormiguea, late.. .Supongo que no soy el único al que le mortifica tanto destape, tanto calor.  Tanta ansia ciega que no la quita ni el dormir.  Si pudiera dormir.

Como siempre, el Corte Inglés va adelantado y cuando estás en pleno cachondeo de agosto, te aparecen un día con lo de la vuelta al cole y sin querer estas jodido, ya no te lo quitas de encima.  El otoño abre sus puertas y el rebaño vuelve al corral. ¡Qué le vamos a hacer! Habrá que ponerse el mono del curro y a descontar otro curso en nuestra puta vida.  Para ser sinceros, a mí esta época no me disgusta del todo.  Me he librao del calor y es un placer pasar por las tierras de vino después de que hayan recogido la uva. Porque las hojas se van poniendo de unos colores muy raros, de marrones a violetas y de verdes a rojos, pero todos arrugaos, como si los sacaran de estar metidos en un libro la tira de tiempo.  Lo que me cabrea de esta época es ese bisnes que tienen montado con los  libros escolares, parece que los que usaron el año pasado hay que tirarlos y comprar nuevos.  O cambian  por cambiar los contenidos o se gastan de solo mirarlos.  Lo que hay que mirar bien es el hachazo al bolsillo porque de los zapatos nuevos no te libra nadie y tampoco de los pantalones,  aunque como el modo pescador se lleva este año, a lo mejor por ahí se ahorra algo.  Eres un miserable. Ya, pero es lo que hay.  Mejor dicho, no hay más de lo que hay y todo sale de ahí. Así que a tirarse a la carretera y vamos arañando lo que se pueda a ver qué pasa.  Currar a comisión no tiene más vueltas.  Hay que pelearlo todos los días.  Uno sale solo a la calle sin más armas que la necesidad y un poco de labia para ir sumando e intentar llegar a la última semana del mes sin el cinturón apretado y una carita de pobre que cuando entras en las tiendas parece que vas a pedir limosna.  Conozco bien esa sensación.  Si coges una gripe seria ya la terminas de cagar. Quién te ayuda. A mí nadie.

La carretera es ancha, el horizonte abierto, hay unas nubes grandes, grises, muy bonitas.  Tal que fuera a llover, pero lejos.  Es como si fueras el espectador de una gran tormenta.  Con el regustillo de que hoy no te pilla a ti.  La naturaleza tiene estas cosillas, a veces, antes de que se haga de noche, te da un regalito.  Y no sé por qué te pones a pensar en cosas de otro mundo, o quizá de éste pero de otra manera.  Bueno es difícil de expresar, supongo que de eso saben más los poetas.  O la gente que tiene mucho tiempo para dedicarse a eso. Yo a lo mío, que una vez pasada la venta de septiembre hay que armarse como sea para navidad y eso sólo viene facturando.  Así que las nubes pa los fumaos y tú a vender.  Paso por el escaparate hecho el gil, así aprovecho pa mirar pa dentro y ver el percal en los mostradores.  Sí, está la jefa, su hija, mucha clientela o la típica que sale a comprar el pan y saluda hasta las papeleras.  Después de dos tiendas sin tocar pelo, te encuentras a ti mismo soltando la misma cantinela, con la sensación de que te has vuelto un pesao; sí, no es la primera vez que me pasa, me estoy escuchando y todo me parece repetido, como si te estuvieras escuchando desde lejos, repitiendo el mismo cuento, las mismas coletillas, llegando al embudo de la pregunta incómoda que más o menos viene a decir ¿vas a comprar o llevo tres cuartos de hora gastando saliva gratis? Así que no me vaciles y que te den a ti y a tus vacaciones en Alicante con tus compinches de bailoterapia que tengo más cosas que hacer.

Básicamente para no comerme el coco y bajonearme voy a llamar a alguien de la página de contacto local para colocarme y poder contarnos las penas sin ningún compromiso, hasta incluso  podríamos llegar a follar con ganas, que a veces pasa. A veces. Lo primero, voy a aparcar el trasto este por algún lado y de paso estiro las piernas que vengo tieso de tantas horas de pie. Tieso como un chopo pelao.  Nunca mejor dicho, pelao.  Creo que había una bocatería de esas de 2×1 el jueves, la birra también, así le doy un peinao con calma al móvil para ver lo que hay de ganao por la zona.  Se está haciendo de noche, pero en la calle hay follón de gente paquí y pallá.  Casi todos llevan cara de prisa, los viejos no.  Y eso que les queda menos.

Salgo de la avenida del paseo, demasiado personal junto.  En una plaza se está armando algo.  Me acerco.  ¡Ah! Van a bailar, es un baile tradicional, como de campesino, los trajes son bonitos.  A ellas les quedan muy bien, con sus pañuelos de flecos, sus peinados tirantes y unos pendientes enormes. Tienen una lumbre en una esquina, la gente se queda apirolada viendo el baile, yo también.  Tienen cara de pasarlo bien, el tiempo como que pasa así por el aire entre tanto movimiento.  Están poniendo chorizos y castañas en el fuego.  Una señora se acerca y me da un vaso de vino con una sonrisa.  Los bailarines se lucen y dan vueltas muy juntos a la vez ¿Qué?¿Te ha gustao? Me dice un paisano. ¿No eres de por aquí no? Se nota.  No es por ofender ¿eh?  La señora del vino me dice que me acerque con ellos que van a sacar comida.  Me sirve otro vinillo.  Se lo agradezco y me presenta por allí a los vecinos.  El chorizo está de miedo con ese pan de pueblo.  Me comentan orgullosos que lo hacen todas las semanas.  Que incluso viene gente de otros pueblos.  ¿Si? ¡Qué bien!.  Me preguntan por mi trabajo, por mi familia.  No sé muy bien que decir.  Quizá no estoy acostumbrado a esa llaneza.  Me desarma.  Me recomiendan un par de tiendas en el pueblo de al lado.  Que vaya de su parte.  Van a bailar otra vez.  Sí claro, la noche está bonita.  Si supiera, yo también bailaría.  Sacaría a bailar a esta señora tan amable o a su hija, que me mira de vez en cuando con curiosidad.  Como que no soy de aquí y lo de fuera siempre es novedad.  Para mí la novedad, me digo volviendo a la pensión dando un rodeo largo, es pensar que mañana se parecerá a ayer, que volveré a conducir hacia los mismos destinos con la misma mochila cargada de mierda pero también que como esta noche, quizá pueda encontrar algo que haga que valga la pena seguir en la carretera.

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