El sol del mediodía

El sol del mediodía cae con la verticalidad

que exige el estío,

la ciudad lo acusa

como si de un ente orgánico se tratara

aunque no pueda oler a nada ajeno a sí misma.

Entre los ojos

las calles vacías estirándose

destellos repetidos, fachadas invisibles.

Dejas el vestidor silenciosamente

y la sobremesa queda servida

a la sombra de una quietud tibia y húmeda.

Te cubres el vientre con los brazos

y dices algo sobre una playa,

no logro imaginármela con precisión

(siempre pienso en la misma).

¿Apagaste el aire?

Las persianas motean la habitación de diminutos ojos de luz.

Subo el volumen

el tráfico se despereza sin tregua,

parece que van a sonar los teléfonos en cualquier momento.

Al final caes, la pausa de tu respiración inaugura la tarde

como si el mundo te guardara el sueño

mientras tu piel brilla con la líquida superficie de la aceituna.

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