Tres caballos

La existencia de un hombre suma la de tres caballos.  Acabo de enterrar al segundo.

Sin pena, sin ceremonia, sin tiempo para lamentarse, esta tarde el último potro salió a tentar el mundo. Huérfano de la grupa indómita de su predecesor, alumbró su hocico resabiado, con la querencia de acostarse a mirar atrás, a repasar el camino: sus ganancias, sus encuentros, sus sinsabores.

Sin embargo, la naturaleza de su sangre calladamente lo llama, quiere hacerlo suyo.  Sobre la pradera partir hacia adelante con las manos ligeras, el ritmo buscando tierra nueva para sus ojos, senderos, remansos, horizonte.  Páginas inéditas donde expandir los límites de lo orgánico, la densidad de nuestra osamenta.  Una mirada menguante multiplicada por otras miradas pasadas.  Una piel donde abandonar las riendas y olvidar que ya no hay reemplazo para este caballo.

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