Flores del cemento
Escombrera
De origen ucraniano, detallaba la noticia.
Entre rotonda y rotonda verjas, perfiles industriales, algún coche abandonado calcinándose lentamente al sol. Cunetas sedimentarias.
De origen ucraniano, detallaba la noticia.
Entre rotonda y rotonda verjas, perfiles industriales, algún coche abandonado calcinándose lentamente al sol. Cunetas sedimentarias.
Alguien comentó en la oficina que había perdido a su marido en la guerra. El grupo Wagner, matizaba otro.
La cuadrícula se estira en calles anónimas, interminables. Las aceras amplias, ornamentales: nadie se explica a quién se le ocurrió darle tal holgura dentro de un laberinto de naves faraónicas.
Ayer mismo se supo que tenía dos hijos pequeños. Vivían con los abuelos en Kiev.
La basura se acumula en los rincones de un modo caprichoso. El viento, el tráfico, su resistencia arrastra consigo la forma.
Y ¿nadie sabe nada entonces? La policía, el consulado, los amigos…
El asfalto está cuarteado por los camiones, en esas grietas algunas semillas esperan su momento sin demasiada esperanza.
La poli lo tiene muy difícil, aunque hoy en día con tanta tecnología no sé. Buf, complicado. ¿Tú crees?
Allí estaban, como la única parte animada del escenario. En verano, en invierno, a horas insospechadas. Siempre te violentaba aquel carnaval improvisado de gloss, rejilla, tinte y plataforma sobre la carretera.
Desde que pasó llevan semanas sin ponerse. Mejor. Pobrecitas. En un par de meses se olvida y las tienes ahí de nuevo. ¿En serio? ¿Qué apuestas?
Se hace extraño, es como si se silenciara la vista en aquel cruce. Las flores del cemento se habían mudado al otro lado de la autopista, dejando un vacío, una quietud incómoda, el peso helado de la indiferencia.
Acero, óxido, reflejos de un charco perenne. Aureolas petroleras como arco iris de ocasión. Piltrafas de consumibles sin huella alguna que valga la pena olvidar.
Sí, la encontraron en los matorrales del solar contiguo por el olor, imagínate. Un horror vamos. Que no, que no le hicieron nada raro, solo la atropellaron y después la sacaron del medio, así como un… Sí, así sin más.
Olga, se llamaba Olga.

