Dame un augurio

Dame un augurio, mujer,

un signo más extraño todavía

que este mundo que nos encierra

que las marcas en la arena de una adolescencia sepultada

que todo lo que no te he dicho

por no aceptarnos por entero.

 

Dame un albor

un invierno lúcido

un desencuentro cercano

con el que cargar cada mañana sabiendo que la huida es fútil.

 

Me lo habías señalado

ese viaje no tiene retorno

tu dedo índice hablaba sobre todo de tu convicción,

pero era tuya amiga mía y sólo podías contagiarme tu entusiasmo

nunca tu voluntad.

 

Los muros del silencio son obstinados,

están repletos de inscripciones de neón

donde tropezar cansinamente;

lemas que procuro no repetir en voz alta

para no convertirte en una segunda conciencia

de la fragilidad de mis costuras.

 

Quizá por eso huyo

de ti,

de mí,

de todo lo que representa la memoria y sus espejos

sabiendo que es lo único que poseo.

 

Qué más da el próximo destino

dame tu voz esta noche

ofréceme un canto para sumergirme

donde el asombro se desnuda,

cuando no me pueda librar de él

podré afirmar entonces que es sólo mío.

Comenta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

This is a unique website which will require a more modern browser to work!

Please upgrade today!